Remo: A 68 AÑOS DE LA HAZAÑA OLÍMPICA DE CAPOZZO Y GUERRERO

(Por Juan Cruz Spagnolo para Deporte Argentino Plus; Foto: Enard)

23 de julio de 1952. Juegos Olímpicos de Helsinki. Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero están en lo más alto del podio esperando que les cuelguen las medallas de oro y les entreguen el ramo de flores por haber conseguido el primer puesto en doble par de remos sin timonel. Lo que no sabían en ese momento, es que hasta 52 años después ningún otro deportista argentino se iba a colgar la presea dorada.

Detrás de todo éxito deportivo siempre hay historias ocultas que fueron parte fundamental de ese logro. Tranquilo Capozzo, nació en Estados Unidos en 1918, lo apodaban «Tano» y a los 18 años se radicó en Argentina. Al poco tiempo de practicar remo se consagró campeón argentino y sudamericano en individuales. Luego de perder en semifinales en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 decidió retirarse del deporte, pero los planetas se alinearon y le presentaron al otro protagonista de esta historia. Eduardo Guerrero, 10 años menor que Capozzo, era un joven de 20 años que apenas daba sus primeros pasos en el deporte, pero que mostró grandes dotes de talento al consagrarse campeón argentino en 1950. Al poco tiempo de competir juntos ganaron todas sus regatas y se llevaron la victoria en el Sudamericano de Chile en 1951 (título que los clasificó a los Juegos Olímpicos del año siguiente).

Finlandia parecía ser el país del nunca jamás. 30 horas de vuelo, cinco escalas, derrames en las piernas y rajaduras en el bote fueron algunos de los obstáculos que padecieron los remeros argentinos para llegar a Helsinki. Pero cuando el universo conspira a favor parece que la suerte juega de tu lado. El carpintero de la selección de remo de la Unión Soviética al ver los inconvenientes de la embarcación argentina, los ayudó a repararla y de esa manera, fueron superando todas las rondas preliminares hasta llegar a la final deseada. Lo más inesperado de esta historia es que Capozzo y Guerrero superaron en la final olímpica a la propia URSS y de esa manera consiguieron el título más anhelado por cualquier deportista.

Lo impensado de esta hazaña o bien lo triste si hablamos del deporte argentino, fue que Argentina tuvo que esperar 52 años  para volver a escuchar el himno nacional en unos Juegos Olímpicos. Los responsables fueron las Generaciones Doradas de basquet y fútbol que llegaron a lo más alto en Atenas 2004.